By Lawrence Lessig

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La hermenéutica del sujeto

Cátedra en que Foucault pretendió mostrar las técnicas, los procedimientos y los fines históricos con los que un sujeto ético se constituye en una relación determinada consigo mismo, y formulation l. a. pregunta: ¿y si las luchas de hoy no fueran luchas contra las dominaciones políticas e ideológicas, contra l. a. explotación económica, sino luchas contra l. a. sujeción identitaria?

Modernity, Pluralism and the Crisis of Meaning: The Orientation of Modern Man

Certainties of orientations are eroding, identities are being wondered. The expanding pace of social improvement is giving upward push to such developments via altering regular constructions and social certainties proven through the years. conventional wisdom -- that's handed on from one new release to the subsequent through the church, the kingdom, faculties and households -- is changing into outmoded at an accelerating speed.

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Los estados se encontraban atrofiados y un estado atrofiado no es ningún elixir de la libertad. Así pues, el poder del Estado no se esfumó sino que pasó a unos mafiosos, que en buena parte había creado el propio Estado. La necesidad de las funciones tradicionales —policía, justicia, educación, sanidad— no desapareció y no surgieron intereses privados que las asumieran. Por lo tanto, dichas funciones simplemente se quedaron sin cubrir. La seguridad se evaporó y una anarquía moderna pero torpe reemplazó al anodino comunismo que vivieron las tres generaciones precedentes; al tiempo que en las calles refulgían los letreros de neón de Nike, los pensionistas eran víctimas de fraudulentas operaciones bursátiles que les despojaban de todos sus ahorros y los banqueros caían asesinados a plena luz del día en Moscú.

No era mala idea, pero no sirvió de mucho, ya que Martha se ganaba la vida vendiendo plantas venenosas. A otros (no muchos, la verdad, pero alguno había) también les atraía esta idea de arte floral ligado a la muerte. Así pues, hacer que las plantas venenosas sólo lo fueran dentro de la propiedad de Martha no solucionaba nada, a menos que ella estuviera dispuesta a acoger en sus tierras a una pandilla de clientes extravagantes. No obstante, esa idea sugirió otra. «De acuerdo», dijo Dank, «¿y por qué no haces que los pétalos sean venenosos sólo cuando están en posesión de alguien que los haya “comprado”?

Los cimientos se erigen, no aparecen por arte de magia. Del mismo modo que los fundadores de EEUU aprendieron la lección de la anarquía que siguió a la revolución (no olvidemos que nuestra primera constitución, los Artículos de la Confederación, supuso un fracaso marcado por la desidia), también nosotros comenzamos a entender que en el ciberespacio esa construcción, ese fundamento, no es obra de una mano invisible. No hay razón para creer que los cimientos de la libertad en el ciberespacio emergerán como si tal cosa; es más, la pasión por aquella anarquía se ha desvanecido —como sucedió en EEUU a finales de los años ochenta del siglo XVIII y en el bloque del Este a finales de los noventa del siglo pasado.

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