By Stefan Zweig

Stefan Zweig se introduce en lo más intrincado de los angeles psicología femenina con su personaje critical en esta obra. Fue uno de los pocos autores capaces de lograr tal reto.

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Me daba cuenta perfecta de que mis sentidos hallaban se en completo desorden. Cuando llegó el mozo para retirar el equipaje, me quedé mirándolo, extrañada: me resultaba difícil pensar en la realidad mientras mi espíritu estaba poseído por tan intensa emoción. El tiempo volaba. Eran cerca de las siete. Hubiera sido preferible llegar a la estación veinte minutos antes de la salida del tren... Pero consolábame pensando que toda aquella prisa no significaba una despedida, puesto que había decidido acompañarlo todo el tiempo que él deseara.

Luego, arrancada bruscamente- de aquella tumultuosa sucesión de episodios, deseaba por lo mismo que habían sido tan fugaces, revivirlos, gozarlos de nuevo uno a uno, apelando a esa facultad embriagadora y mágica que es el recuerdo. ¡En fin! Que éstas son cosas que se comprenden o no se comprenden. Quizá, para comprenderlas, se necesite un corazón; apasionado... Primero fui a la sala de juego dispuesta a contemplar la mesa donde se hallaba sentado, y allí imaginarme de nuevo sus manos entre las otras.

Número y de nuevo la raqueta arrastró las cinco monedas de oro. Había perdido. Pero no se levantó. Me había olvidado, ni más ni menos, como había olvidado la promesa y hasta las palabras que pronunciara un minuto antes. Y, como siempre, su mano codiciosa revolvía el dinero; y sus miradas ebrias no seguían otra dirección que la del anciano conde ruso que en aquella forma magnetizaba su voluntad, despojándole de la suerte. Mi paciencia había terminado. Lo sacudí de nuevo; esta vez con todas mis fuerzas: -¡Levántese, inmediatamente, en el acto!...

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